Esta razón es bien sencilla de explicar:
Si un cliente llega a un salón de peluquería con una determinada anomalía capilar y el peluquero, por falta de preparación o formación, no es capaz de detectarlo y tratarlo, corre el riesgo de que este cliente acuda a otro establecimiento similar al nuestro en el que realicen tratamientos capilares y donde no solo le solventen el problema sino que además le guste el trato que recibe y el servicio en general, no siendo estimable la diferencia de precio. Con toda seguridad se acabaría perdiendo el cliente.